DUELO

El duelo no es un sentimiento aislado, sino un encadenamiento de sentimientos que requieren un tiempo para ser aceptados y elaborados adecuadamente.

Los primeros días, puedes sentirte afectivamente embotado, o incluso con una sensación de distanciamiento emocional, como si lo que pasa no te estuviese sucediendo a ti. Esta ausencia de reacción afectiva, es de utilidad para gestionar las distintas tareas necesarias en el momento del fallecimiento (organizar el funeral, llamar a la gente, solucionar aspectos administrativos…), pero este sentimiento de irrealidad puede convertirse en un problema si se prolonga en el tiempo. 

No existen normas sobre qué duración debe de tener un duelo. La mayor parte de las personas, se recuperan en uno o dos años de una pérdida importante, pero esto no es siempre así. 

Lo importante es que te permitas sentir como te sientes, que lo aceptes y entiendas que es algo normal. Pero es igualmente importante que puedas volver a tu vida normal y disfrutar de aquello que te gustaba hacer

EVITA CAMBIOS O DECISIONES IMPORTANTES: si no es imprescindible, en los primeros meses tras la muerte de un ser querido, evita cambios importantes en tu vida (ej. cambiar de trabajo, de domicilio, etc.).

ORDENA Y CLASIFICA LAS POSESIONES DE TU SER QUERIDO: si puedes, pide ayuda para hacerlo y ponte a ello sólo cuando te sientas preparado, sin urgencias. Esta parte suele ser muy difícil y dolorosa, pero te ayudará a ir aceptando la pérdida y avanzar en tu proceso de duelo.

NO TE AISLES: permanece en contacto permanente con tus familiares y amigos. Pide expresamente su compañía y apoyo cuando lo necesites.

INTENTA LLEVAR UNOS HÁBITOS DE VIDA SALUDABLES: duerme las horas necesarias, mantén una alimentación saludable, haz ejercicio físico y evita el consumo de tóxicos (el consumo de alcohol u otros tóxicos, puede ser una anestesia emocional a corto plazo, pero agravará los síntomas ansiosos y/o depresivos). 

HABLA CON ALGUIEN QUE PUEDA AYUDARTE: habla de tu ser querido, de como te sientes, de lo que piensas. Si ves que pasadas las semanas o meses empeoras, busca ayuda profesional. 

Algunas personas no pueden despedirse de su ser querido cuando éste fallece (ej. hospitalizaciones en las que los familiares no pueden permanecer junto a él).

Otras no son capaces de llorarlo, evitan hablar del tema y siguen con su vida como si no hubiese pasado nada (ej. tienen a su cuidado a otras personas, son considerados el pilar de la familia y no se permiten estar tristes, están absortos por asuntos laborales…).

También hay personas se estancan en la primera fase del duelo y no son capaces de aceptar y superar la pérdida, aunque pasen años. 

En ocasiones, las circunstancias del fallecimiento dificultan el hablar con normalidad de lo sucedido y de tus sentimientos al respecto (ej. en casos de suicidio, abortos involuntarios, fallecimiento de un bebé…). 

En todos estos casos, pueden aparecer, aunque no siempre, episodios de depresión que interfieren en la vida normal, provocando que la persona se abandone (ej. deje de alimentarse adecuadamente) o incluso aparezcan síntomas de suicidio. Si esto sucede, es de vital importancia que puedas pedir ayuda a tu médico o a un profesional de salud mental (un Psicólogo o un Psiquiatra).

Acompáñalo y pasa tiempo con él. Ayúdale a evitar los sentimientos de soledad.

Escúchalo (aunque hable del tema de forma repetida) y ofrece siempre tu hombro para que pueda llorar.

Si la persona se muestra irritada o enfadada, trata de no personalizarlo. Entiende que es una fase más del duelo y que pasará con el tiempo.

Intenta convencerla de que no tome decisiones importantes. Es fácil equivocarse y actuar impulsivamente cuando nuestro estado emocional es negativo. Las decisiones adecuadas llegarán desde la calma y la estabilidad.

No le digas que lo que tiene que hacer es salir y animarse. Además de no resultar de utilidad, pueden agravarse sus sentimientos de culpa, incapacidad para salir adelante o frustración.

Ayúdale en las cosas prácticas del día a día. Ir a hacer la compra, tareas administrativas, ayudarle si tiene otra gente a su cuidado (ej. niños). 

No lo dejes solo en los momentos especialmente dolorosos. Acompáñalo en los aniversarios, Navidades y otras fechas señaladas.

Anímalo a participar en comidas, excursiones y otras reuniones sociales. Eso será de gran ayuda para mejorar su estado de ánimo, pero no lo fuerces si eso le produce más ansiedad. 

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