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DOLOR CRÓNICO

 

El dolor, es una señal de alarma del sistema nervioso de que algo puede estar mal. Y, por lo tanto, requiere nuestra atención. Es una sensación desagradable que puede adoptar diferentes formas o una combinación de ellas: tirón, pinchazo, tensión, ardor, picor o
molestia.

El dolor puede ser agudo (intenso y repentino) o sordo (menos intenso, pero constante), y puede sentirse en una o varias partes del cuerpo.

 

Principalmente, podemos diferenciar dos tipos de dolor: el agudo y el crónico.

  • El dolor agudo te permite saber que puede estar lesionado o tener un problema que debes atender.
  • El dolor crónico es diferente, puede durar semanas, meses o incluso años. Según a Asociación Internacional de Estudio del Dolor (IASP) “El dolor crónico es aquel que no finaliza cuando cesa la causa que lo originó sino que persiste en el tiempo y afecta severamente a la esfera emocional, familiar y laboral”.

A su vez, podemos clasificar el dolor crónico entre:

  • Dolor crónico nociceptivo: causado por la activación de los receptores del dolor (nociceptores) en respuesta a un estímulo, como puede ser una lesión (herida, quemadura), una inflamación, una infección, o una enfermedad persistente (diabetes, cáncer…). Como ocurre con el dolor agudo, suele haber una relación directa entre su intensidad y la gravedad de la agresión.
  • Dolor crónico neuropático: generado por una lesión, alteración o fallo en nuestro propio sistema de alarma, en el sistema somatosensorial; bien en el sistema nervioso central (cerebro y médula espinal), bien en el sistema periférico (nervios, plexos y terminaciones nerviosas microscópicas). Este dolor no tiene ninguna utilidad, es decir, no nos protege.

La cronificación puede estar causado por una variedad de causas, como pueden ser:

  • Lesiones físicas, como accidentes, cirugías o hernias de disco.
  • Trastornos crónicos, como la artritis, el cáncer o la fibromialgia.
  • Trastornos neurológicos, como la neuralgia del trigémino o la esclerosis múltiple.

Pero, lo cierto, es que muchas veces no existe una causa clara. Se sabe que algunos factores y/o trastornos psicológicos, como pueden ser la depresión o la ansiedad, pueden desencadenar o empeorar el dolor crónico, como puede ser el dolor neuropático por ansiedad, un tipo de dolor neuropático que se produce como resultado de trastornos de ansiedad, como el trastorno de ansiedad generalizada o el trastorno de estrés postraumático. Los síntomas pueden incluir dolor, entumecimiento y hormigueo en diferentes partes del cuerpo.

Uno de los motivos por lo que se puede cronificar el dolor es que, cuando algo nos duele, nos produce una experiencia que suele ser negativa, generadora de una reacción emocional aversiva (ansiedad, frustración, miedo…). Esto, amplifica y fija el dolor en el cerebro. Si la experiencia es repetida, o muy intensa, se puede convertir en una experiencia traumática, por Es  lo que nuestro cerebro se vuelve:

  • Sobreprotector: nuestra mente analiza constantemente el entorno, buscando peligros, ya que quiere sentirse seguro. Los nociceptores, los que envían la señal al cerebro, responden también a la amenaza imaginada, anticipada. Si creo que algo me va a doler, si creo que una situación me va hacer daño, el cerebro nos envía una señal de alerta para protegernos, ya sea generando dolor, aumentando la tensión muscular o con otro tipo de síntomas.
  • Hipervigilante: hay una parte del cuerpo que te duele y que ya no estás moviendo, que no está haciendo su trabajo, por lo que el cerebro se enfocará en esa parte, que se volverá será más sensible (podemos sentir más intenso el dolor) y focalizaremos casi toda nuestra atención en esa sensación de dolor, desatendiendo a otras experiencias.

El dolor crónico puede variar en intensidad, desde leve hasta severo. Puede ser constante o intermitente, y puede afectar una o más partes del cuerpo. Sea como sea, el dolor crónico suele tener un impacto significativo en la vida de una persona, afectando su capacidad de trabajar, dormir, socializar y disfrutar de actividades cotidianas.

Los síntomas adicionales del dolor crónico pueden incluir: fatiga, problemas de atención o concentración, dificultades para conciliar o mantener el sueño, cambios bruscos de humor, aislamiento social, ansiedad, depresión.

Todo esto puede generar diversas reacciones en las personas, que pueden entremezclarse y favorecer la cronificación de la experiencia de dolor:

  • Dejamos de hacer ciertas actividades. Nos movemos menos, por lo tanto, nuestro cuerpo pierde cierta capacidad física y funcional. Eso hace que más adelante, cuando quiero realizar de nuevo esas actividades, mi cuerpo se queja, por lo tanto, sigo sin moverme, por lo que sigo perdiendo funcionalidad, y entramos en bucle. Nuestro cuerpo se queja porque no tiene la capacidad de soportar lo que antes si soportaba.
  • Rumiamos con pensamientos negativos porque no podemos hacer ciertas cosas. Nos volvemos más catastrofistas y pesimistas. Podemos coger miedo a hacernos daño si nos movemos, por creencias que pueda tener o por lo que me han dicho sanitarios, familiares o amigos.
  • Todo esto puede hacer que tenga más ansiedad, que esté más triste o deprimido. La ansiedad puede facilitar el dolor. Las experiencias repetidas que me generan miedo causan la anticipación de la ansiedad. También me puede afectar al sueño, por lo que me recupero peor.
  • Como la zona es más sensible de lo normal, tienes que seguir haciendo tu vida a pesar del dolor. Esa hiperalgesia, ese exceso de sensibilidad, se cronifica, generando incluso cambios en córtex cerebral, la parte del cerebro que se ocupa de la parte sensorial o motora.
  • A causa de la lesión, del miedo, se crea un espasmo muscular, tenemos siempre el cuerpo rígido, lo que me impide moverme con naturalidad. Esto me crea más tensión en la zona lo que, a su vez, me aumenta la sensibilidad, el miedo y la ansiedad, generando un círculo vicioso.

Rotundamente, sí. El dolor crónico es un problema complejo que puede tener un impacto significativo en la vida de una persona y requiere un enfoque multidisciplinar e individualizado. Si padece dolor crónico, es importante buscar la ayuda de distintos especialistas, entre ellos, la de un profesional de la salud mental.

El tratamiento psicológico del dolor crónico, es un enfoque eficaz para ayudar a las personas a aliviar la experiencia del dolor y mejorar la calidad de vida del paciente. Este tipo de tratamiento se centra en los aspectos psicológicos del dolor (emociones, creencias, comportamientos…).

Algunos objetivos del tratamiento psicológico del dolor crónico son: reducir el dolor, mejorar el funcionamiento y la calidad de vida, así como manejar los efectos psicológicos del dolor.

Déjame empezar diciéndote, que sé que tu dolor es real, que lo sientes tal y como lo describes, independientemente de que tus tejidos estén bien, estén cicatrizados o no. Independientemente de que hayan encontrado una causa clara, o no. Como decía antes, cuando una persona padece un dolor crónico, entra en un círculo vicioso (en el que intervienen pensamientos, sensaciones, emociones y conductas), del que necesitamos salir para recuperar nuestra vida anterior.

De entre los enfoques psicológicos que cuentan con mayor evidencia científica en el tratamiento psicológico de dolor crónico, en mis intervenciones suelo combinar:

  • Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), que ayuda a las personas a aceptar el dolor, para comprometerse con actividades que son importantes para ellas, a pesar del dolor.
  • Terapia con Mindfulness, que es una práctica que ayuda a las personas a habitar el momento presente, aceptando sus pensamientos, sensaciones y emociones sin juzgarlos.

En la actualidad, disponemos de una amplia evidencia científica sobre la eficacia de las terapias basadas en mindfulness para el dolor crónico. Los metaanálisis, informan de la disminución de los síntomas de dolor, la reducción del estrés emocional y la mejoría en la calidad de vida del paciente.

Los estudios han demostrado que el mindfulness es eficaz para reducir el dolor crónico en una variedad de condiciones, incluyendo dolor lumbar, fibromialgia, artritis, dolor de cabeza, dolor gastrointestinal y dolor neuropático. También puede ayudar a las personas a reducir su dependencia a los medicamentos opioides y otros fármacos para el dolor. Es importante aclarar, que no es un sustituto del tratamiento médico, sino un complemento de los tratamientos que tengas, que suelen tener sus limitaciones.

Mi recomendación es que consultes con el especialista que lleva tu tratamiento y que busques un psicólogo que tenga experiencia en el tratamiento del dolor crónico, solicites una consulta inicial para la valoración de tu caso, explicar tus necesidades y acordar un plan de tratamiento con el terapeuta.

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