ANSIEDAD

La ansiedad es una respuesta mental y física que se da ante situaciones en las que sentimos que estamos en peligro y que nos produce una hiperactivación fisiológica. Es una reacción NORMAL, que nos puede ayudar a enfrentar situaciones de peligro o proporcionarnos energía adicional para acometer determinadas tareas que nos supongan un reto (una entrevista de trabajo, hablar en público…).

No es, por tanto, algo negativo. Al contrario, es una respuesta que nos va agudizarlos sentidos y reaccionar ante una situación de peligro (ej. si estás cruzando la calle y viene hacia ti un coche que no te ha visto). Nuestro objetivo no será eliminarla, sino aprender a regularla y convivir con ella.

Cuando los síntomas son graves y desagradables, duran demasiado tiempo, aparecen con demasiada frecuencia o aparecen en situaciones que, en sí mismas, no son ansiógenas (cuando somos nosotros mismos, con nuestros pensamientos de preocupación y temor, los que nos generamos ansiedad).

En muchas ocasiones, el principal problema es que entramos en conflicto con sus síntomas. Como éstos suelen ser desagradables e intensos, podemos interpretar que son peligrosos, amenazantes, y que nos van a llevar a una situación catastrófica. Estas interpretaciones nos atemorizan e incrementan los síntomas de ansiedad, creándo

un círculo vicioso del que nos resulta difícil salir. Es así como aparecen los problemas y trastornos de ansiedad.

La ansiedad es una respuesta psíquica de intranquilidad que se experimenta en ciertas ocasiones en las que puede ocurrir algo inesperado y negativo, que pueda atentar contra la integridad física y/o psicológica de la persona. Es resultado de percibir un peligro indefinido, orientado en un futuro hipotético (ej. ser atacado o humillado por otras personas en una situación). 

El miedo es una emoción básica que se despierta ante la percepción de un peligro concreto y presente, y que es proporcional al estímulo que lo produce (ej. ver un acantilado y tener miedo a caer por él). El miedo normal desparece, cuando el estímulo que lo provoca se extingue. 

Las respuestas de estrés son un fenómeno más amplio que las reacciones de ansiedad. Se producen en muchas situaciones que no tienen por qué implicar amenaza y exigen mayor variedad de respuestas (ej. tener frío, calor, mantenernos erguidos, atentos, hacer varias cosas a la vez, llegar a tiempo, trabajar demasiadas horas, superar una infección, etc.). Las situaciones que generan ansiedad, serían un caso particular de las de estrés: situaciones que suponen una amenaza. 

Aunque muchas veces utilizamos ansiedad y angustia como sinónimos, podemos decir que en la ansiedad hay un predominio de componentes psicológicas (preocupaciones, rumiaciones), mientras que, en que la angustia, predominan los fisiológicos (principalmente, sensaciones corporales de malestar físico, caracterizadas por la sensación de ahogo y opresión en el pecho). 

Muchas veces se inician en períodos de estrés psíquico (romper una relación, problemas laborales, pérdida de una persona…) o físico (enfermedades, falta de sueño, abuso de alcohol…).

También existen personas que son más vulnerables a padecerla (ej. tener antecedentes familiares, tener una base de personalidad ansiosa con tendencia a la preocupación, ser rumiativo, ser rígido, ser perfeccionista, ser tímido, haber padecido experiencias adversas en la infancia; incluso ser mujer es un factor de vulnerabilidad).

Como sucede con el resto de las emociones, la ansiedad nos afecta a nivel cognitivo (lo que pensamos), fisiológico (sensaciones físicas), emocional (los sentimientos que tenemos) y conductual (lo que hacemos). 

Ante la sensación de peligro, se produce una hiperactivación del sistema nervioso autónomo y el cuerpo se prepara para la respuesta de lucha-huida. Esta respuesta, es la responsable de la aparición de muchos de los síntomas de ansiedad que se detallan a continuación. Lógicamente, no es necesario experimentarlos todos; pero puede que te sientas identificado con algunos de ellos y eso te ayude a normalizarlos y perderles el miedo. Conocer y comprender las causas, características y como enfocar los problemas psicológicos (psicoeducación) es una parte fundamental de la psicoterapia y la antesala del proceso de tratamiento.

Síntomas cognitivos:

  • Pensamientos irracionales, no realistas, imaginando que nos va a pasar lo peor.
  • Mareo, embotamiento, confusión.
  • Mente siempre en alerta constante.
  • Necesidad de control.
  • Dificultades de concentración y memoria.
  • Dificultad para pensar con claridad.
  • Desrealización (sensación de irrealidad) y despersonalización (sentirse extraño con uno mismo).
  • Autobservación, autochequeo constante.
  • Miedo a enfermar, a morir, a enloquecer o a perder el control.
  • Actividad mental elevada, con incesantes pensamientos automáticos y obsesivos.
  • Incapacidad para relajarse. 
  • Habla acelerada, desordenando o confundiendo palabras. 

Síntomas emocionales:

  • Sentimientos de angustia.
  • Accesos de llanto.
  • Impaciencia.
  • Irritabilidad.
  • Dificultad o incapacidad para disfrutar de la experiencia presente.
  • Apatía, estado de ánimo decaído. 
  • Labilidad emocional. 

Síntomas físicos:

  • Taquicardia.
  • Respiración agitada.
  • Sensación de ahogo, falta de aliento. 
  • Opresión torácica.
  • Sensación de nudo en la garganta.
  • Dolor en el pecho.
  • Sudoración.
  • Tensión muscular.
  • Cefaleas.
  • Sequedad de boca.
  • Cansancio.
  • Temblores.
  • Visión borrosa.
  • Pitidos en los oídos.
  • Debilidad o temblor en las extremidades.
  • Molestias estomacales.

Síntomas conductuales:

  • Necesidad de huir.
  • Evitar situaciones que nos produzcan ansiedad.
  • Aparición de conductas compensatorias (ej. comer o fumar en exceso)
  • Conductas obsesivas, repetitivas (ej. rituales de limpieza).

¿CUÁLES SON LOS PRINCIPALES TRASTORNOS DE ANSIEDAD?

Los trastornos de ansiedad suelen derivar de las propias reacciones de miedo de la persona, en las que se produce alguna disfunción en la intensidad o en la frecuencia de los síntomas, o bien, respuestas de evitación de la ansiedad que interfieren en las actividades diarias (ej. evitar las interacciones sociales cuando éstas nos producen temor). 

Algunos de los trastornos más frecuentes son:

  • Trastorno de pánico: repentinos ataques de pánico, de manera repetida y sin causa aparente que los desencadene. Los ataques pueden durar unos minutos o más. También se conocen como crisis de ansiedad.
  • Trastorno de ansiedad generalizada: sensación general y constante de preocupación. Se preocupan, excesiva y constantemente, por diferentes problemas comunes, como puede ser el trabajo, la salud, las relaciones sociales, etc.
  • Agorafobia: sentimientos de pánico en lugares donde la persona tiene la sensación de que no puede huir, escapar o ser auxiliada en caso de sufrir un ataque de pánico.
  • Fobia social: miedo y ansiedad, marcado y persistente, en situaciones que impliquen interacción con los demás o enfrentarse a determinadas situaciones sociales (ej. comer en público).
  • Fobias específicas: la persona sufre un miedo intenso a algo que no suele resultar un peligro real (ej miedo a los insectos).
  • Trastorno por estrés postraumático: episodios de ansiedad tras haber sufrido una experiencia traumática y aterradora para la persona, que implica amenaza de daño físico.
  • Trastornos obsesivo-compulsivo: clasificado como un trastorno de ansiedad hasta la reciente aparición del DSM 5 (el último Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales), se caracteriza por pensamientos recurrentes y persistentes que la persona vive como intrusivos y le generan un elevado malestar. Suelen acompañarse de conductas compulsivas (ej. rituales de comprobación), cuyo fin es disminuir la ansiedad que producen las obsesiones.

Podemos comenzar a sentir ansiedad a nivel cognitivo, físico o conductual. La reacción de ansiedad en cada una de estas áreas, influirá en las demás, por lo que el cuerpo se mantiene en constante alerta y se genera un círculo vicioso que mantiene la ansiedad.

Una vez establecido este círculo, la persona tiende a evitar cualquier situación que le produzca ansiedad, ya que, cuando no existe un peligro real, la ansiedad pierde su función adaptativa y podemos comenzar a sentir miedo de las propias sensaciones de ansiedad, de las relaciones con los demás, de la vulnerabilidad que sentimos, de los pensamientos catastróficos … Es decir, sentimos miedo al miedo. 

Evitar la situación nos produce un alivio a corto plazo, pero sólo hace que el problema empeore y se cronifique, ya que la ansiedad se asocia cada vez más con aquello que se evita y se hará más difícil afrontarlo. Además, el tipo de cosas que se suelen evitar no son peligrosas, sino que son necesarias para desenvolvernos en nuestra vida diaria (ej. trabajar, ir en bus, salir con gente…), por lo que la vida puede volverse incómoda y difícil.

Otro comportamiento que mantiene los problemas de ansiedad, son las llamadas conductas de seguridad (salir de casa o hacer las cosas acompañado, colocarnos cerca de las salidas, consultarlo todo con una figura de referencia…). Hay que entender que cuanto más evitemos las situaciones potencialmente ansiógenas o dependamos de los demás para afrontarlas, más difícil será superar este problema. 

No existe ninguna solución mágica para que la ansiedad desparezca para siempre, ya que no es una enfermedad, sino una emoción necesaria, por lo que el objetivo no es suprimirla, sino aprender a aceptarla, convivir con ella y regularla cuando es muy intensa. 

La mejor forma de gestionar los problemas de estrés y/o ansiedad, es acudir a un profesional que pueda informarte adecuadamente sobre sus síntomas y causas, además de enseñarte y entrenarte en técnicas para dejar de fusionarte con tus pensamientos (la ansiedad la alimentamos si continuamos rumiando con los pensamientos que la provocan y aumentan) y en técnicas de regulación emocional (cuando la ansiedad es demasiado elevada, podemos recurrir a una técnica de regulación y después retomar una actividad normal que nos ocupe la mente).

El tratamiento de elección es la psicoterapia, combinada en ocasiones con tratamiento farmacológico. El tratamiento más adecuado para cada caso, deberá ser valorado de manera individualizada. Además de la terapia cognitivo-conductual, considerada en la actualidad como el tratamiento más eficaz para los trastornos de ansiedad, resulta de gran ayuda integrar técnicas de otros enfoques psicoterapéuticos que también hayan demostrado su eficacia en el tratamiento de esta problemática (mindfulness, terapia de aceptación y compromiso…). De ahí la importancia de la especialización, formación y actualización del Psicólogo, en tratamientos basados en la evidencia científica para la ansiedad.

Así mismo, es muy importante la coordinación con profesionales de otros ámbitos, como del ámbito de la Psiquiatría, ya que puede ser necesario compaginar la psicoterapia con tratamiento farmacológico, si el caso lo requiere.

  1. ENTENDER MEJOR MI ANSIEDAD: identifica que situaciones te producen más ansiedad y que aspectos de tu vida puedes modificar para reducir el estrés diario (hacer ejercicio, alimentarte adecuadamente, dormir las horas que necesites, evitar las bebidas con cafeína y otros estimulantes, etc.).
  2. REDUCIR LOS SÍNTOMAS FÍSICOS: para esto, puede ser de gran ayuda el entrenamiento en prácticas de mindfulness, así como en técnicas de respiración y relajación. 
  3. DESIDENTIFICARNOS DE LOS PENSAMIENTOS QUE NOS PRODUCEN ANSIEDAD: los pensamientos de las personas con ansiedad suelen ser muy rápidos (aparecen y desaparecen en unos segundos), automáticos y cargados negativamente. Es importante que te des cuenta de que los pensamientos son sólo eso, pensamientos. No son la realidad ni te definen como persona (“nunca voy a salir de esto”, “soy una persona débil y por eso no salgo de este problema”, etc.). No trates de eliminarlos, porque volverán con más fuerza, ni los alimentes dejándote llevar por la rumiación.
  4. AFRONTA LAS SITUACIONES EN VEZ DE EVITARLAS: identifica que cosas estas evitando y procura hacer frente a estos miedos de manera gradual. Para exponerte de una manera más segura y eficaz a las situaciones temidas, es recomendable que busques la ayuda de un profesional. 
  5. BUSCA EL APOYO DE LA FAMILIA Y AMIGOS: tus seres queridos pueden ser un gran apoyo y ayudar a que no se perpetúen los síntomas. Es importante que no subestimen el problema y el sufrimiento que éste causa, no culpabilizar a la persona que lo padece (“siempre estás así”, “no pones nada de tu parte”, “tienes que sobreponerte y salir de esto por ti mismo”, etc.), ni pensar que la mejoría es posible en todos los casos sin que la persona reciba tratamiento.
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